Uno de los hechos más incómodos en las ciencias sociales es que el dinero no puede compensar la inestabilidad extrema. Hubo un estudio hace unos años que comparó a los niños criados en familias estables e intactas con aquellos criados en familias inestables. Lo que encontró fue sorprendente: los niños pobres que crecieron en hogares estables tenían menos probabilidades de volverse adictos a las drogas o al alcohol en la adolescencia que los niños ricos que crecieron en hogares inestables y desintegrados. Ese resultado parece intuitivo, sin embargo, va en contra de cómo muchas personas piensan sobre el problema. Gran parte del debate asume que el principal problema son los recursos materiales; que si las familias tuvieran más dinero, o más transferencias en efectivo, los resultados mejorarían. Pero este estudio sugiere que la estabilidad dentro del hogar importa al menos tanto, quizás más, que los ingresos. De mi conversación con @DanCrenshawTX