Durante la mayor parte de mi vida, mi respuesta a "¿estás bien?" siempre fue sí. Mi lógica era que si no estás a punto de morir, estás bien. Desde entonces he aprendido la matiz y que está bien no estar bien. Pero la mentalidad de "no morir = seguir adelante" me ha llevado a través de algunos de los desafíos más difíciles de la vida.