Esta mañana estuve en una llamada por Zoom con un iraní que había formado parte de las protestas hace unos años y, cuando fue golpeado por el IRGC, dijo que el primer y único pensamiento que se le vino a la mente en ese momento fue: "si desaparezco, espero que haya alguien ahí fuera que sea mi voz." No he dejado de pensar en eso desde entonces. Piensa en cuántos decenas de miles de iraníes han tenido exactamente ese mismo pensamiento en los últimos días. Mientras pensamos en ellos, ellos piensan en NOSOTROS. Dispuestos, deseando, rezando para que hablemos por ellos cuando no puedan. Simplemente no podemos defraudarlos.