La arena está tomando forma. El montón de tierra mojada con la que jugaba en el patio de juegos de GPT-3 se ha convertido en algo que ya no reconozco. Piensa. Razona. Se corrige solo. Aprende estrategias que nadie programó. Escribe código que funciona. Diseña fármacos que curan. Está empezando a andar sobre dos patas. Dentro de tres años. Superclústeres zumbando con 30 gigavatios. Decenas de miles de robots en fábricas. Investigadores de IA trabajando de forma autónoma en problemas novedosos. El descubrimiento de fármacos se acelera por órdenes de magnitud. Desde lo alto parece robots, superinteligencia y ciencia ficción hechos realidad. Si profundizas y las cosas se complican. Disrupción económica. Concentración de riqueza. Las preguntas de seguridad de mi último artículo no desaparecen porque la tecnología sea preciosa. Las huellas siguen ahí. La casa sigue sin estar vacía. Pero no voy a fingir que no siento esa maravilla. Si estás leyendo esto, llegas temprano. No es como los techs bros usan "early" para subir fichas. Al principio en el sentido de que tus nietos preguntarán cómo fue cuando las máquinas aprendieron a pensar. Cuando el silicio aprendió a andar. Cuando la arena tomó forma. La euforia es real porque la transformación es real. Bienvenidos al principio de todo.