Es irónico que Obama siga siendo criticado por su comentario sobre la "línea roja", doce años después, por personas que afirman oponerse a la intervención en Siria. En primer lugar, Obama nunca prometió una acción militar inmediata basada en esa "línea roja". Un día simplemente usó la frase de forma imprecisa e inútil, y luego fue citada sin cesar por los intervencionistas para exigirle que tomara una acción militar unilateral. En cambio, Obama finalmente entregó el asunto al Congreso y, de forma poco habitual en cualquier presidente, dijo que la aprobación del Congreso sería un requisito previo para una acción militar estadounidense. Durante ese debate, se determinó que no existía suficiente apoyo popular para un ataque al gobierno sirio. El Parlamento del Reino Unido también rechazó la intervención. El asunto se resolvió temporalmente cuando Obama trabajó diplomáticamente con Putin (¡madre mía!) para organizar la eliminación de las armas químicas de Siria. Posteriormente, Trump bombardeó al gobierno sirio dos veces, unilateralmente, sin la aprobación del Congreso.