A los artistas que están ahí fuera y que nunca se han sentido vistos o apreciados: lo entiendo. Yo también he estado muy, muy ahí. Tomando riesgos, yendo en direcciones únicas, tratando de hacer algo diferente, solo para que haya un absoluto silencio. Es muy frustrante. Pero prometo que no es en vano. Cada vez que creas arte, por un lado estás abriendo la válvula y permitiendo que una parte del espacio que de otro modo llenaría tu mente se libere, y por otro lado, los residuos y surcos que quedan sirven como intersecciones de inspiración, experiencia y lecciones. Estás esculpiendo tu voz, de manera subconsciente. No la voz que intentas presentar activamente. No lo inmediato. Sino tu verdadera voz. Se vuelve añeja. Se vuelve experimentada. Se vuelve sabia. Así que, sí, el tiempo puede pasar y tus obras pueden no ver las paredes de la galería que esperabas al lanzarlas... pero en cada momento que estás creando, estás - poco a poco - convirtiéndote en el artista. No en el que te ves a ti mismo queriendo ser, sino en el que realmente eres. Creo que cuando ese artista comienza a tomar el control - es cuando la gente empieza a ver los resultados.