La cultura moderna asume discretamente que la excelencia es la suma de disciplina, eficiencia y competencia. Si eso fuera cierto, entonces la historia estaría llena de leyendas sobre administradores: hombres que mantenían imperios en funcionamiento, resolvían problemas, ejecutaban planes y mantenían todo unido por pura fiabilidad. Pero no lo es. Esas vidas terminan igual: un proyecto final terminado, un breve aplauso y una rápida desaparición en la memoria. Mientras tanto, Alejandro Magno murió a los treinta y tres años, y el mundo empezó inmediatamente a contar historias sobre él. Historias tan extrañas y extravagantes que los lectores modernos las descartan como fantasía: Alejandro elevándose hacia el cielo, hablando con árboles proféticos y vislumbrando la estructura del cosmos. ¿Por qué él? ¿Por qué no los incontables hombres disciplinados e inteligentes que construyeron los sistemas que usó Alejandro? Aquí es donde la mente moderna duda. Porque responder a esa pregunta nos obliga a enfrentarnos a algo que rara vez consideramos ya. Lo que realmente es una leyenda, y por qué dejamos de leerlas. En este ensayo analizamos las leyendas que rodean a Alejandro no para analizar su vida, sino para entender algo más amplio: ¿Por qué surgen las leyendas y qué verdad hemos olvidado porque ya no las leemos? Sigue leyendo la historia abajo 👇